30 de may. de 2009

LA VUELTA DEL CAÑONERO


(A todos aquellos que se fueron con un bolso cargado de esperanzas y volvieron desesperados en busca de los brazos de su primer amor)

Néstor David “el cañonero” Montoya volvió acabado, derrotado, sin un mango, en pésimo estado y con la mochila cargada de fracasos. De aquel muchacho que había partido hacía ya quince años, no quedaba nada. Sus ilusiones se habían quemado en los mecheros de los bancos a los que pareció atornillado en cuanto club estuvo. De aquel cacique goleador que azotó las áreas de la liga, de aquel temible cañón de su pie derecho, de aquel supuesto pedido de captura a sus botines por ajusticiar arqueros no quedaba nada, solo una sombra, mucho más gorda por cierto.
Lunes tras lunes compré los diarios de capital para ver si decían algo del ídolo del club, de mi ídolo, del tipo que me había dado el último campeonato. Lunes tras lunes y nada, ni dos minutos con el partido liquidado, nada. Cuando se fue, sabíamos que iba a ser difícil, que pelearía el puesto con el nueve de la selección, que en un club grande no juega cualquiera, pero al fin y al cabo fueron ellos lo que se lo llevaron. En el apertura no jugo nunca, creo que ni llegó a concentrarse con el equipo, pero cuando vino en el receso trajo camisetas para los conocidos, autógrafos, de todo. En el clausura lo borraron más todavía, ni en la reserva jugó. Después pasó a préstamo a un equipo de Nicaragua, donde le agarró una peste caribeña y se tuvo que comer como cinco meses en cama. Volvió con las mismas ganas de siempre, peleó el puesto con los grandes y lo volvieron a colgar.
Lunes tras lunes, durante quince años compre los diarios de capital para saber algo de él, lunes tras lunes lloré su ausencia entre los titulares de los cuadros para los que fichó. Para su cuarta temporada pasó al Nacional B, llevado por unos tipos a Chaco For Ever, pero cuando todos pensamos que ese sería su trampolín, su despegue, “el cañonero” se rompió los ligamentos y otra vez parado, a esperar la oportunidad.
Nadie en el pueblo ya se acordaba de él, ni en el club siquiera se lo nombraba, pero yo le debía mucho como para olvidarlo, le debía un campeonato, el único que había vivido, una vuelta olímpica después de veinticinco años, la ultima que se logró.
Los siguientes años deambulo por la B, la C y algunos campeonatos del interior, se supo que tuvo un fugaz paso por Bolivia y nada más. Muy poco para las expectativas que tenían todos en el pueblo, por eso lo olvidaron, lo sepultaron bajo sus derrotas personales, lo hundieron en el mar oscuro en el que navegan aquellos que no son siquiera nombrados por alguien.
Cuando Néstor David “el cañonero” Montoya volvió, lo esperábamos solo cuatro personas, el presidente de la institución, don Nicolás, que como todos los años complicados se había hecho cargo de la dirección técnica, “el loco” Pizzuti, hincha numero uno del club, y yo. Se bajó del R 12 blanco, observó las instalaciones se abrazó con su nuevo D.T. nos miro fijo y dijo –firmemos, tengo hambre, 15 horas le puse con esta batata, no doy mas-
Los días siguientes fueron los mas felices de mi vida, estaba transportado a cuando tenía trece años y Montoya se cansaba de hacer goles, a aquella final en cancha del Deportivo, al cabezazo sobre la hora, la vuelta olímpica, todo era alegria. El equipo estaba afilado, se habían vuelto a juntar goleador y D.T. campeones, la defensa acompañaba, mediocampo combativo y un buen arquero. El pueblo le era indiferente a la llegada del nueve, los nuestros ni lo miraban, no preguntaban ni como estaba, los rivales se reían, decían que estaba gordo, que hacía quince años que no hacia un gol, de todo.
Yo esperaba mucho, demasiado talvez, pero más que por mí por él, porque se lo merecía, yo sabía que el mundo del fútbol se había perdido a un gran goleador, a uno de los mejores que vi, y por eso quería que tenga su revancha.
Como ya dije volvió sin un mango, y los dirigentes le dieron la casita de atrás de la cancha y las inferiores para que las entrene así se ganaba la comida.
Durante la pretemporada no falté a ninguna práctica, seguía cada uno de los movimientos de Montoya como si estuviera hipnotizado. El pobre goleador tenía un estado deplorable, llegaba último en los trotes largos y en los cortos ni siquiera arrancaba. No tenía movilidad, le faltaba reacción, tenía como diez kilos de sobrepeso, pero se esforzaba y mucho, y con eso para mi ya alcanzaba, y creo que para don Nicolás también.
Cuando Néstor David “el cañonero” Montoya pisó la cancha, en las tribunas habíamos unas quince o veinte personas, se plantó en el medio, levantó la cabeza, alzó los brazos mirándonos, y ahí justo ahí, me di cuenta que empezábamos a ganar el campeonato.

La mujer es como un jugador: si no quiere en determinada posición, no hay que insistirle.
(CARLOS BILARDO, ex jugador y entrenador argentino)

28 de may. de 2009

BALDOSEROS: FERNANDO F. FERNANDEZ


Fernando Fabián Fernández¿Fue fantástico fabricando fantasías? Falacias. Fue un futbolista frío, francamente fulero, falto de fama y fundamentalmente fracasado. Un frágil forward, feo físicamente, flojo, famélico y fatigoso. Un fiambre, un fallecido.Fulgurante figura, flaqueó y finalmente funcionó fugándose, fluctuando fronteras frenéticamente.Farsante, fascinó fácilmente a fans y fanfarroneó financieramente frente a su familia facturando fajos. Fecundó fechorías en federaciones fundidas y fantasmeó fuera de su feudo, fingiendo fiereza y fiabilidad, factores falsos. Fue un fraude. ¿fumará faso?, ¿fragmentará frula?, ¿fornicará con forro frecuentemente?, ¿filmará féminas felando su falo en fabulosas fiestas?, ¿fagocitará fideos, frijoles, fainá, frambuesas y frutillas?, ¿y feca con facturas?Fanático de filmes franceses, se flagela con Fox y sus frívolas ficciones. Fue fumigador, florista, fletero y un funesto flautista. Un fenómeno.Fuentes fidedignas filtraron fotos con Fabricio Fuentes, Federico Fazio, Favio Fernández, Francisco Ferraro y Fernando Forletta. Un figuretti del flash.Fino y fruncido, fortaleció fallidamente su falta de fósforo con una fisura de fémur, una fractura de falange, una fuerte faringitis y un fastidioso forúnculo. Favorecido farmacéuticamente, frenó su funeral. Fin.

NdR: nos hubiera encantado que el homenajeado hubiese jugado en Ferro y Flandria, pero su carrera no tuvo nada que ver con las iniciales de su nombre. Disputó 16 partidos en la Primera de Talleres de Córdoba (1991 a 1993) y luego costó seguirle el rastro. Dicen que, ya como volante, jugó en otros equipos mediterráneos como Estudiantes de Rio Cuarto, General Paz Juniors y Atlético Adelia María. Lo último que supimos es que integraba el plantel de Independiente de Neuquén.

27 de may. de 2009

EL BOCHA


Un recuerdo de hace años.Estoy en un tren suburbano que salió de Retiro con veinte minutos de atraso y en la primera estación vuelve a detenerse unos quince más. Los pasajeros comentan en voz alta, protestan. El único que parece no darse cuenta de nada es el petizo cabezón que está sentado frente a mí. Mantiene la radio portátil pegada a la oreja, escucha un partido de fútbol. Mira a través de la ventanilla y llora. Llora en silencio, sin gestos, inexpresivo. Las lágrimas ruedan por las mejillas y van a mojar la remera color crema.Termina el primer tiempo y apoya la radio sobre el asiento. Advierte que lo estoy observando.-Qué grande -dice.-¿Qué cosa? -pregunto.-El Bocha. Grande, grande. Bochini es lo máximo.Saca un pañuelo y se seca los ojos.-Siempre me hace llorar.Suspira. Se sopla la nariz. Guarda el pañuelo en el bolsillo de la campera.-La primera vez que lloré fue en mil novecientos setenta y tres. Esa tarde me escapé de la escuela y fui a ver por televisión el partido de Independiente con la Juventus. Jugaban en Roma. Los rojos iban en busca del título mundial. Veintiocho de Noviembre de mil novecientos setenta y tres. Faltaban unos quince minutos para que terminara el partido, menos de quince, y de pronto apareció el Bocha, agarró la pelota y no lo paró nadie, se fue solito hasta el fondo del arco de los tanos.Se cierra la campera, se frota los brazos con fuerza. -Cada vez que empiezo a hablar del Bocha y de Independiente me dan escalofríos.Se para, golpea los tacos de los zapatos contra el piso, se despereza, vuelve a sentarse.-Poco después de aquel partido con la Juventus tuve la suerte de conocerlo personalmente al Bocha. Mi padrino, el primero que me llevó a una cancha, el que me enseñó a amar a los rojos, me lo presentó en los vestuarios del club. Yo tenía doce años, el Bocha diecinueve. Fue algo increíble. Desde entonces jamás le fallé un partido. Voy de cualquier manera. A menos que jueguen afuera, como hoy. Bochini es único, el más grande, un adelantado.El tren arranca y se detiene apenas salido de la estación. Se oyen las voces indignadas de los pasajeros.-Tengo un amigo, un tipo grande, siempre me dice que De la Mata era mejor. Me cuenta cómo una vez, en la cancha de River, se apiló a siete y se la mandó a guardar. Yo no le discuto, pero después del triunfo con Estudiantes en la copa, cuatro a uno, lo encontré y lo paré en seco: "Ya sé, ya sé, no me digas nada, De la Mata era mejor, pero ayer Dios se puso la camiseta número diez y goleamos".El tren da marcha atrás y regresa a la estación. Algunos pasajeros bajan, se juntan en el andén y tratan de averiguar qué está pasando.-Y aquella noche del verano del setenta y ocho, jugábamos con Talleres, habíamos quedado con ocho hombres, y de pronto, cuando ya estábamos resignados, cuando todo parecía perdido, apareció el genio del Bocha. Lloré. Después vino la final del setenta y nueve, con River, y el Bocha se mandó dos goles. Dos. Y de nuevo lloré. Me acuerdo de otro gol para la historia, en el Monumental, perdíamos uno a cero, Bochini la agarró en nuestra área, el área del río, y se la llevó hasta el otro arco: uno a uno. En un ratito ya estábamos ganando dos a uno. Y otra vez a llorar.Saca el pañuelo y se lo pasa por los ojos.-Mi mamá se preguntaba por qué lloraba cada vez que ganaba Independiente y me mandó al psicoanalista. Pero nadie podía entender, ni mi vieja, ni el psicoanalista, ni los amigos, ni mi novia, que me dejó porque no aceptaba mi compromiso de los domingos con Independiente. ¿Cómo se hace para explicar ciertas cosas?.Se oye el silbato del guarda. Los pasajeros que habían bajado al andén se apresuran a subir.-Cuando mi padrino se puso mal lo fui a ver a la clínica, no reconocía a nadie, le tomé la mano y me quedé un rato sentado al lado de la cama, le hablé al oído: "Padrino, ayer le ganamos a Ferro y el domingo nos toca con Boca, ya estamos a un punto del primero".Me levanté para irme, llegué a la puerta y oí la voz de mi padrino que me preguntaba: "Jugamos en Avellaneda o en la Bombonera?". Fueron sus últimas palabras, murió esa noche.Siguen unos minutos de respetuoso silencio. Una vez más el tren se pone en movimiento, deja atrás la estación, levanta velocidad.-Ahí empieza el segundo tiempo -dice el petizo.Se apoya la radio contra la oreja, se acomoda en el asiento y fija la mirada en las grandes nubes blancas inmóviles sobre el horizonte. El tipo se está yendo, me abandona, se va, se fue.
Infaltable!!!! No podiamos dejar de publicar un cuento para el bocha, y por supuesto dedicarlo a Gabriel, un gran amigo hincha del ex Rey de copas. Gracias por todo Gaby, ¡tiembla NGH!
Volvio la dupla, volvio la magia!!!!!!!!

26 de may. de 2009

EL MEJOR EQUIPO


(Dedicado a todos los que formamos parte de aquel glorioso 2007 allá por la 228)

No se porque, pero en estos días me estoy acordando mas, no es que nunca me acuerde, pero últimamente se me vienen los recuerdos de aquellos días felices a cada rato. Debe ser porque ahora, en enero, hace un año que el equipo se disolvió definitivamente, no es que no existe mas, de hecho yo sigo, pero cuando te faltan los compañeros, los que mas te entendían, los equipos ya no son iguales, se llaman igual, tienen los mismos colores, pero son otros.
Te la cuento del principio para que la entiendas. Yo estaba retirado, o casi, estaba igual, pero al lado de los dirigentes, haciendo una especie de control, con uno de esos cargos que lo único que tenes que hacer es aguantar las giladas de los que mandan y tratar de pasar el tiempo. La cosa que un día los dirigentes se volvieron locos y desmantelaron el plantel, así nomás, de un día para el otro echaron medio equipo, y un par se fueron solos porque no aguantaban más la situación, eran días dificilísimos.
Entonces empezaron las contrataciones, porque de los antiguos solo quedaban Juan, Damián y German, además de algunos del montón. Los primeros en llegar fueron el Tapa y Gabriel, no recuerdo quién llego primero pero fue casi al mismo tiempo. El Tapa llego con un bolsito cruzado y una facha que parecía un doctor, y Gaby, bueno, apareció en una bici que debería ser de las primeras de la historia, como esas que muestran en las fotos de los Billiquen, con las ruedas gigantes ¿viste?. Mas tarde llego Pepe y al toque se sumó Diego, que le costó entrar en el equipo pero después se acopló bárbaro.
Yo, ya empezaba a ver las cosas de otro modo y te digo la verdad, me entraron unas ganas locas de volver, porque veía como jugaban, les salía redonda, se les daban todas a los guachos, y yo me estaba quedando afuera.
La cosa es que se fue Juan, vino el Rama y yo seguía con los dirigentes preparando, de callado, mi vuelta. Por suerte, para mi, Ramiro se rajó, así que los encaré y les pedí el puesto bacante, me lo dieron y ese fue el génesis, el comienzo del mejor equipo que formé.
Pepe la traía, Damián y yo la aguantábamos por afuera y el Gaby definía, a veces se sumaba Dieguito y éramos imparables, éramos la naranja mecánica, el River del Bambino, el Independiente de Pastoriza, el Boca de Bianchi, no se, un equipazo.
Cuando se fue Damián, Diego pasó a su lugar y el equipo seguía repartiendo alegrías, desbordando lujos, inmortalizando jugadas, como el “2-1” que le hicimos a Zubherbuler con el Turco o “La escondida” del Gaby el día de los torneos bonaerenses.
Con el que mejor me entendí fue con Gabriel, primero me costó entrar en el equipo, y era lógico, pero cuando nos empezamos a conocer, cuando cada uno sabía para qué lado pateaba el otro, la historia fue otra. Con Gaby nos entendíamos sin mirarnos, sabíamos lo que haría el otro y ahí estábamos, creando, inventando, éramos Bertoni y el Bocha, Guillermo y Palermo, Maradona dejándolo solo al Canni contra los brasileros, fue la mejor dupla que formé en mi vida, te lo juro.
Pero como todo lo bueno dura poco, a principios de enero, cuando ya nos preparábamos para una temporada histórica, el Gaby se peleó con los dirigentes y lo rajaron, así nomás como te la cuento, lo rajaron, y todo se desmoronó.
Mas tarde se fue Diego y del gran equipo solo quedamos Pepe y yo, aguantando otra temporada, que como de costumbre viene a los tumbos, peleando abajo, haciendo mil piruetas para lograr una jugada creativa, porque los nuevos no son lo mismo, no te digo que sean malos, no, pero no te tiran un centro a la cabeza ni locos, entonces vos tenes que bajar a buscarla, hacer la jugada y definir, y todo eso te cansa, encima hay que aguantar a los dirigentes y sus ideales inentendibles de cómo salvar la institución.
A mi ya me queda poca cuerda en el equipo, pero lo único que te digo es que nunca, pero nunca en mi vida me entendí con alguien tan bien como con el Gaby, porque dirán lo que dirán, que era renegado, contestador, un poco vago, pero con Gabriel, con Gabriel era otra cosa.


Nota:Yo se que ustedes me entienden, los demas, que se lo imaginen.

15 MINUTOS DE FAMA: EL HOMBRE TARJETA




Héroe de estos tiempos. Figura reconocible dentro de la última generación de mascotas del fútbol argentino. Apareció tras del éxito del Oso de la Nueva Seguros e intentó, de alguna manera, apoderarse de la escena local haciendo base en la zona sur del Gran Buenos Aires.
Desde la cancha de Banfield, generalmente, se las arregló para inmiscuirse entre promotoras y jugadores, con el propósito de mostrar su cara en la televisión. Pero no una cara cualquiera, sino la de un tipo desdentado, con la sonrisa forzada y un petrificado gesto de “Mirá las cosas que tengo que hacer para parar la olla“. Con el tiempo, fue conociendo otros estadios y se ganó un lugar en la fauna de Primera División, junto a porristas, jugadores, árbitros y tipos que van caminando a patear los corners.
Sus patrones de Carta Sur, además, han apoyado a algunos equipos del ascenso, como Almirante Brown, Sportivo Italiano, Los Andes y Deportivo Merlo, donde el Hombre Tarjeta suele ser local y se anima a sentarse en la platea sin que nadie le diga nada.
Su limitada movilidad provocó muchas veces que se lo haya tenido que esperar a que abandone el campo de juego para empezar el partido. Es por eso, quizás, que no siempre aparece junto a las formaciones. Bah, debe ser por una cuestión económica, pero quedaba lindo decir otra cosa (?).
Desde aquí nuestro homenaje para este laburador de los fines de semana que en verano o en invierno, con calor o frío, con Tarjeta Plata o Tarjeta Shopping, mantiene vivo el espíritu mascoteril.

25 de may. de 2009

BALDOSEROS: JOEL BARBOSA


Joel Enrique Barbosa, con nombre de volante portugués, fue en sus inicios el típico juvenil del Boca Juniors multicampeón que cuando le tocaba ingresar no sólo cumplía sino que a su vez mostraba interesantes rendimientos. Sin embargo, cuando debía dar el salto y asumir la gran responsabilidad, mostraba flaquezas. En esa misma línea podrían ubicarse Cristian Muñoz, Pablo Jerez, César González, Gustavo Pinto, Omar Pérez, Alfredo Moreno, Matias Arce, Julio Marchant, Fernando Navas, Esteban Herrera, Cristian Giménez y Emanuel Ruiz, entre otros.De todas formas, este lateral derecho o primer marcador central llegó a integrar selecciones juveniles argentinas.Nacido el 15 de enero de 1983, siempre sufrió la ausencia de amigos en sus cumpleaños por estar en vacaciones y eso lo hizo más fuerte, a tal punto de llegar a jugar en la primera división de uno de los clubes más grandes del mundo con tan sólo 19 años.Su estreno oficial fue en el 2001 en una inesperada derrota ante Almagro. Esa tarde ingresó en el segundo tiempo en reemplazo del José María Calvo. Precisamente por la presencia del “Pampa” y de Hugo Ibarra, fue que Barbosa nunca tuvo la cantidad de minutos que esperaba y luego de tres años sin continuidad, dejó el club con un total de 26 partidos jugados y sin goles.Entre medio, disputó uno de los pocos mundiales Sub 20 en el que Argentina no salió campeón. Fue en el 2003 donde tuvo algunos compañeros como Eberto, Mauricio Romero, Colace, Gorostegui y Germán Herrera, entre otros.En el 2004 pasó a prestamo a Almagro donde disputó 17 partidos en el Apertura y 12 en el Clausura, marcando 1 sólo gol ante Lanús. El grupo humano era muy bueno, pero el rendimiento deportivo no fue el esperado y el descenso se dio por decantación. Así fue que Irigoytía, Baigorria, Homero Sartori, Culio, Mauro Navas y Maxi Castaño dejaron de verse cotidianamente.Con 55 partidos en la A, el jugador volvió a su provincia en busca de un equipo protagonista y si bien lo hizo en la segunda categoría del fútbol argentino, la propuesta de Talleres (2005-2007) no la podía desechar, aún siendo fanático de Belgrano.En el albiazul tuvo muchos minutos en cancha, pero la campaña fue muy irregular. El equipo se había armado para ser candidato y si bien tuvo chances en el clausura, el objetivo de subir quedó muy lejos y para colmo cayeron en los dos clásicos frente al Pirata.No obstante continuó en el club, pero a la larga sería una mala descisión. El rendimiento de la T fue impresentable. Plagado de importantes valores para la divisional como Lautaro Trullet, Malagueño, Drangojevich, Claudio González, Garay, Ceballos y Piriz Alvez, finalizó último y por alguna casualidad no terminó jugando el Torneo Argentino A.Pero al margen de todo, hay un dato que no es menor. Joel lleva el apellido de su madre ya que según el confesó, “mi papá no me reconoció”. Y ese es ni más ni menos que Enrique Nieto, ex entrenador de Belgrano. Lamentable.

EL RANA Y MALASPINA


Yo estaba en el área, por eso no escuché nada, después me enteré de todo en el vestuario, cuando contó el Ranita. Porque él era el único que lo escuchó al turro ese de Malaspina, que todos lo pintan como el mejor referí y es un vendido de mierda.
Y pensar que estábamos contentos cuando vimos que nos dirigía en la final, dijimos todos “bueno por lo menos no va a haber bombeo”.
Ahora, armarse tanto quilombo a los 15 del primer tiempo es una locura, pero nadie duda del Rana, porque es un tipo justo y siempre jugó limpio, si él dijo que lo escuchó para nosotros es “cosa juzgada”. Además la piña que le metió al turro ese del Malaspina, fue insólito, porque se le acercó y lo acomodó así nomás de cayetano, fue y lo puso, y eso en el Rana es cosa rara, si hace ocho años que juega de tres y nunca lo amonestaron siquiera, creo que jamás le llamaron la atención, por eso te digo que fue todo raro.
Durante el torneo les habíamos ganado en cancha de ellos, cortándole un invicto de tres años y los goleamos en la nuestra, y eso en la liga era un “pecado capital”, casi como la eliminación de Italia en el `90, cuando nunca se lo perdonaron al Diego. Por primera vez en quince años ellos no ganaban la ronda regular, y tendrían que ir a un cuadrangular para ver quien jugaba con nosotros la final. Por primera vez en la historia de la liga, peligraba la vuelta de los poderosos, los que la habían ganado siempre, los que jamás aceptarían un segundo puesto. Y ahí estábamos nosotros, listos para entrar en la historia grande, a un paso de la gloria, en la cima, esperando que se defina nuestro rival.
El cuadrangular lo ganaron fácil, dos penales inventados en los primeros dos partidos y un juez de línea con un resorte en el brazo para anular todo tipo de ataque rival con un poco de peligro, y una goleada en el tercero contra San José, que ya no tenía chance y puso los pibes.
Así que definiríamos en cancha neutral quien sería el decimosexto campeón de la liga y nosotros estábamos afiladísimos, como nunca.
Por eso, cuando nos enteramos que dirigía Malaspina nos alegramos, porque el tipo era incorruptible, un señor, el mejor juez de la liga.
La cosa es que la cancha de Central estaba que explotaba, además de los hinchas de ellos y los nuestros estaban todos los que habían ido a ver como le dábamos un baile inolvidable a esos oligarcas compra campeonatos, porque ese año no tenían nada y si llegaron fue gracias a las ayudas recibidas de los árbitros.
El partido empezó tranquilo y con nosotros dominando, como era previsible, hasta que a los 15 del primer tiempo, el Rana traba con el ocho de ellos, la pelota se va al lateral, y en eso lo acomoda de un gancho en el mentón al referí. Imaginate la que se armó, fue una batalla campal, entró la gente, rompieron todo, nadie sabía a quien le pegaba ni porqué. Vino la cana, unos cuantos tiros al aire, algunos gases y se disipó un poco la riña.
En el vestuario, mientras nos cambiamos y ya un poco más tranquilos el Rana explicó:
-Cuando la pelota se fue al lateral, el ocho le preguntó ¿Quién saca?, y el forro hijo de mil putas ese de Malaspina le dijo:
“juegue, juegue, sacamos nosotros”, como no lo voy a fajar, decime vos, como no?-

SIMPLEMENTE EL MAS GRANDE

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Todavía esperamos que vuelvas!!!

15 MINUTOS DE FAMA: LEONEL DELMÉNICO




Si para muchos futbolis-tas y cierto sector del periodismo deportivo, Fabián Cubero es gracioso y pícaro, para una modelo, el jugador de Vélez podría ser candidato a un Premio Nobel.
Su presunto encanto y chispa, pero por sobre todo su pseudo fama, le sirvieron a Poroto para conquistar a Nicole Neumman, una de las más codiciadas de las pasarelas, que vale destacar, no necesitaba la billetera del jugador para vivir como lo hace.
¿Tanto mérito tiene Cubero? ¿O todo fue decisión de la rubia? Su apego por las cámaras debe haber sido un factor decisivo para cumplir el sueño de muchos.
Pero si tanto se destaca a alguien con posibilidades y recursos, qué decir del ignoto Leonel Delménico, que tuvo unos días de fama hace más de diez años y ahora tiene en su cama a una bomba como Claudia Fernandez.
“Mi novio es muy reo, de barrio. Es licenciado en administración de empresas, tiene un sueldo y es propietario del departamento en donde vivimos, ahí, donde nos robaron todo la vez pasada“, contó ella.
Incluso, fue más allá y recordó: “me conquistó cuando se me acercó mientras yo leía un libro en la playa de Mar del Plata. Me dijo que me había visto una vez y que no me iba a escapar. Desde ese momento no nos separamos nunca más, con él tengo mucha piel para el sexo y estoy muy feliz“.
¿Y quién es el gorreado de turno?, se preguntarán algunos. Y la respuesta es simple y precisa: Un hijo de empresario argentino, nacido en Lomas de Zamora, con negocios en Uruguay y un pasado célebre: fue el alcanzapelotas agredido por José Luis Chilavert en un Lanús-Vélez de 1993.
Muchos se preguntaron que sería de la vida de Delménico. Y acá lo encontramos. Vivito y culeando (?).

SUEÑOS DE GLORIA


(Al Club Atlético Atlas, y en él a todas aquellas instituciones que aspiran a llegar a la cima)

Cuando la vi en el aire te juro que me dí cuenta que entraba, no había otro destino posible para la pelota que no fuera besar la red, caer mansamente por sobre el arquero y picar una, dos y tres veces, hasta quedar dormida, como un bebe recién acunado por su madre, en el fondo del arco, como esperando que se desate la locura y así, ella ver todo desde ahí, desde ese lugar privilegiado en el que la había depositado Wilson, con esa peinada suave adelantándose al “dos” desesperado por cerrar y al puño errático del “1”.
Cuando el destino se tuerce, se tuerce y listo, y así a veces te da la espalda como cuando salimos últimos y tuvimos que estar desafiliados un año, y otras te da la chance de la gloria, como en este torneo, donde se daban todas. El comienzo del torneo fue con ilusiones, como siempre, pero con pocas expectativas. Plantel desangrado por la mediocre campaña anterior, sin incorporaciones y apostando a los pibes y algunos históricos que habían sobrevivido los duros años anteriores. Paso a paso, a lo mostaza, las cosas se fueron dando, y cuando el carro se pone en movimiento los melones se acomodan solos. Seis triunfos al hilo, dos empates y tres victorias mas y los pibes se agrandaron, encima Wilson estaba intratable, Molinari y Ruiz Díaz a full y la defensa afianzada, la gente empezó a percibir, a intuir que ese podía ser el gran año.
La primera rueda terminó con “el mate” seis puntos arriba de Atlas, “el doque” a cuatro y Lugano compartiendo con nosotros la tercera posición. Liniers, Paraguayo y Yupanqui cortados en el fondo luchando por “no desaparecer un año”.
Promediando la segunda rueda el equipo amagó a caerse, pero logró mantener el invicto en “el santuario” con un empate sobre la hora y con ocho jugadores contra Argentino de Quilmes, y un dos a uno agónico contra Puerto Nuevo. A pesar de dos derrotas de visitantes, se ganó en Dock Sud y en Burzaco y la diferencia con los líderes se mantuvo.
Se había logrado regularidad, y una comunión equipo-gente que no la tenían ni los grandes de la categoría ni los clubes de la “C” y me animo a decir que ni en la Primera se veía tanta fiesta. El Ricardo Puga explotaba cada vez que Atlas jugaba de local, se llenaba de trapos, bajaba “el telón” desde la popu, había fuegos artificiales cuando el equipo pisaba el verde, todo era algarabía, solo faltaba el detalle final, la frutilla, lo que nunca antes se logró: el ascenso.
El tramo final de la temporada encontró al “marrón” enchufadísimo, no se perdió más, y llegamos a la última fecha un punto debajo de Argentino, que jugaba de local con el “docke” y estaba tres puntos atrás del líder. Atlas visitaba a Liniers, que necesitaba un punto para salvarse de la desafiliación.
Las cartas estaban jugadas, había que ganar y esperar una mano de Dock Sud. Hasta se podía dar un triple empate, pero la gente ni pensaba en definiciones inéditas ni en el segundo puesto ni en el reducido, todo el mundo esperaba la vuelta olímpica y justo en Liniers.
Los pocos que estuvimos en el partido final, lo sufrimos de colados en la tribuna local, (por esas idioteces que tiene la AFA y no permite público visitante en el ascenso), tratando de pasar desapercibidos entre tantos hinchas que mas que salvarse querían arruinarle la fiesta a la cenicienta de la D.
El primer tiempo terminó 0 a 0, con ellos metidos atrás y Atlas con más nervios que ideas, lo bueno era que “el mate” perdía 2 a 0, y eso nos llevaba a una definición entre los tres.
La segunda etapa empezó igual, “el puma” tratando de hacer la diferencia y el local defendiendo con los once. Cuando faltaban 15 min. Argentino descontó, pero todo seguía igual, los tres empatados, hasta que faltando 2 o 3 min. Llegó el corner desde la derecha. Cuando Ruiz Díaz le pegó a la pelota y Wilson se comenzaba a elevar, justo en ese momento fue como si el mundo se hubiera detenido, como si las piezas del rompecabezas esquivo del destino se encastraran de golpe y todo tomara un nuevo rumbo, una dirección extraña para muchos, pero muy esperada por algunos, por los menos, los mas sufridos, los marginados de siempre. Justo cuando la pelota venía en el aire, empata Argentino, y justo cuando un cronista perdido de alguna radio gritaba la novedad desde la cancha del docke, Wilson la peina y desata la locura. La redonda quedó mansa contra la red, como tratando de entender lo que pasaba, lo que sucedía en ese torneo tan extraño en donde los poderosos “desaparecían” y los que nunca habían logrado algo antes se daban el gusto de subirse al carro de la gloria que por fin los llevaría a otra categoría.

Este cuento fue premiado y publicado en la pagina http://www.atlasmarron.com.ar/, un gracias enorme a todos los amigos del Puma del oeste

TODO MIENTRAS DIEGO


El 22 de junio de 1986, mientras casi el universo se quedaba quieto detrás de una sola imagen y de un solo hombre, el Gordo no sabía que estaba a punto de encontrar una pasión. No lo sabía el Gordo porque durante esa sola imagen y durante ese solo hombre quedó dominado por una corriente de fuegos y de sangres que le viajó desde el coxis hasta la lengua y desde la lengua hasta el aire para terminar gritando gol. Pero después sí. Después y mucho después, y también cada sábado, sobre las mesas áridas del Bar de los Sábados, el Gordo se definió una misión en el mundo y preguntó a unas gentes y a todas las gentes la gran pregunta de su historia. Esta pregunta: ¿qué le pasó a usted cuando Diego Maradona, en la mejor jugada de cualquiera de los tiempos, le hacía el segundo gol de Argentina a los ingleses en el Mundial de México?"Una tarde, no hace tanto —narró el Gordo con el Bar de los Sábados vuelto una quietud que lo oía—, una mujer me dijo que mientras Diego zigzagueaba personas, ella colgaba ropa mojada y que, cuando la pelota entró al arco, la ropa, de golpe, se secó". El Alto, un racionalista intenso que no se ausenta del bar ni en los sábados sin destino, le apuntó que eso era imposible. Pero el Gordo ni lo consideró. Y siguió: "Otro hombre me contó que estaba viendo ese partido dentro de una pensión sin nombre y prisionero de la más fea de las soledades, pero que cuando el gol fue por fin gol, corrió hasta un cuadro que colgaba torcido en una pared sucia, lo estrechó en un abrazo, y uno de los personajes del cuadro, a la vez, lo abrazó a él".El Roto, otro feligrés del Bar de los Sábados que venía atendiendo fascinado, no fue insensible a las búsquedas del Gordo y le añadió su experiencia: "Por discreción o por vergüenza, no suelo contarlo, pero en el momento justo en el que Maradona terminó de armar ese camino de jugadores ingleses frustrados, yo me levanté de mi silla y le acaricié las mejillas a mi abuelo, que lloraba y que reía. Fue extraordinario, fueron mi vida, mi infancia, mi identidad y mi memoria desplegadas en una sola circunstancia. Tardé cuatro o cinco minutos en recordar que mi abuelo había muerto hacía diez años. Pero yo sé, lo sé claramente, que ahí lo acaricié".El Gordo aseguró que la historia del Roto era posible. Con el labio superior, apretó entusiasmado los contornos de su taza de café y volvió a llenar de detalles al Bar de los Sábados. Afirmó que a un pueblo campesino de economías malogradas se le acabó la más larga de sus sequías no bien Diego empezó su fiesta, y que, también cuando Diego transformaba en nada el esfuerzo del arquero inglés, un sobrino suyo que tropezaba cada día con los desafíos escolares entendió súbitamente la lógica de la suma algebraica, y que un amigo enfermo que se arrimaba a la muerte distinguió las formas de ese avance irrepetible y extendió su agonía hasta que Maradona cantó el gol.Vencido por tanta demostración contundente, el Alto se sintió en el deber de sumar una evocación bien suya que jamás había confesado. Lo hizo tan racional como siempre pero conmovido desde la primera palabra: "Vi ese Mundial, ese partido y ese gol junto con mi papá en el comedor de su casa. Cuando Diego eludió al segundo rival, el corazón no me latió más. Me acuerdo mucho mejor de los anteojos asombrados de mi padre, de mi propio asombro porque el corazón no me latía y de la sensación plácida de una felicidad en ascenso que de la secuencia del gol. Era curioso: el corazón no me latía, como si se hubiera ido todo entero detrás de esa jugada, y, sin embargo, yo estaba más vivo que nunca. Recuperé la normalidad recién cuando los ingleses sacaron del medio. Mi papá sonreía…"Una emoción igual a un campeonato atrapaba los rincones viejos del Bar de los Sábados. Cuando el Alto pidió café, las puertas en vaivén del lugar se abrieron por un viento y una mujer de pestañas como bosques enfocó una mirada de amor directa hacia el Gordo. El Roto quiso decir que nunca fallaba, que así era, que ese gol lo seguía pudiendo todo. Pero el Gordo lo interrumpió sin registrarlo y, deslumbrado por esa hermosura que tenía enfrente, alcanzó a balbucear la única frase que le cabía en la boca:
—Gracias de nuevo, Diego.

Cuento escrito por Ariel Scher

"Pele no puede hablar de nadie, si el negro debutó con un pibe"



DIEGO ARMANDO MARADONA

24 de may. de 2009

EL TIPO QUE PASABA POR AHI


Suele ocurrir en los equipos de barrio que a la hora de comenzar el partido faltan uno o dos jugadores. Casi siempre se recurre a oscuros sujetos que nunca faltan en la vecindad de los potreros. El destino de estos individuos no es envidiable. Deben jugar en puestos ruines, nadie les pasa la pelota y soportan remoquetes de ocasión, como Gordito, Pelado o Celeste, en alusión al color de su camiseta. Si repentinamente llega el jugador que faltaba, se lo reemplaza sin ninguna explicación y ya nadie se acuerda de su existencia.Pero una tarde, en Villa del Parque, los muchachos del Ciclón de Jonte completaron su formación con uno de estos peregrinos anónimos. Y sucedió que el hombre era un genio. Jugaba y hacia jugar. Convirtió seis goles y realizo hazañas inolvidables. Nunca nadie jugó así. Al terminar el partido se fue en silencio, tal vez en procura de otros desafíos ajenos.Cuando lo buscaron para felicitarlo, ya no estaba. Preguntaron por él a los lugareños, pero nadie lo conocía. Jamás volvieron a verlo.Algunos muchachos del Ciclón de Jonte dicen que era un profesional de primera división, pero nadie se contenta con este juicio. La mayoría ha preferido sospechar que era un ángel que les hizo una gauchada. Desde aquella tarde, todos tratan con más cariño a los comedidos que juegan de relleno.


El 8 de Julio de 1982, durante la Copa del Mundo realizada en España, por primera vez en la historia de los mundiales de fútbol se definió un partido mediante la ejecución de tiros penales, tras haberse igualado en el tiempo reglamentario y en el alargue. Fue cuando se enfrentaron, por las semifinales del torneo, Alemania y Francia, quienes luego de disputar los 90 minutos de juego, terminaron con un empate: 1 a1.Y vino el alargue de 30 minutos, donde se convirtieron varios goles más, pero todo culminó en un 3 a 3 que determinó la definición con tiros desde los 12 pasos. El primero en ejecutar y convertir, fue el francés Alain Giresse, quedando en la historia, y luego anotaron, para Francia, Amoros, Rocheteau y Platini, mientras que el arquero alemán Schumacher detuvo los remates de Six y Bossis.Por su parte Kaltz, Breitner, Littbarski, Rummenigge y Hrubesch anotaron para Alemania, mientras que el arquero galo Jean-Luc Ettori detuvo la ejecución de Stielike. Alemania, inaugurando los penales, pasó a la final, en memorable cotejo mundialista.

"El Loco" Palermo casi en Tres Arroyos


Sobre finales de los ’80 y principios de la década del ’90 en la Liga Regional Tresarroyense de Fútbol se jugaban torneos de enorme jerarquía.
En varios clubes existían dirigentes que, debido a su amor por los colores y su buen pasar (o no), hacían esfuerzos extras para contar con jugadores de otras ligas que llegaban en calidad de refuerzos.
Sin dudas, estos allegados estaban cumpliendo la función de lo que hoy conocemos como gerenciadores.
Así, en Orense, Alumni contaba con un gran equipo con jugadores como Ochoa, Vega y un joven Claudio García llegado desde Energía. En Chaves, San Martín apostaba a un gran equipo. Y en Tres Arroyos, Boca, El Nacional, Quilmes y Huracán, eran los vanguardistas en esto de conformar grandes elencos.
Para la temporada 1991, Quilmes decidió contratar como técnico a Rubén Galletti, jugador del gran equipo “pincharrata” conducido por Carlos Bilardo, bicampeón del fútbol argentino en 1982.
Los dirigentes comenzaron en Marzo a armar el plantel. No se jugaba el Preparación, y el Oficial estaba programado a partir del primer domingo de abril.
Así llegaron kholi, Murro, Pombo, Montero y López entre otros. Algunos ya llevaban algún tiempo vistiendo la camiseta albirroja.
Casi sobre el inicio del torneo llegó Galletti y, una vez que conoció a los jugadores con los que contaba, inició una gestión ante los dirigentes de Estudiantes de La Plata para acercar a Tres Arroyos a un, por entonces, jugador de reserva, de 17 años, que en inferiores se había destacado haciendo goles.
El jugador no era otro que Martín Palermo. Si, “El loco”, quien como todavía no tenía lugar en la primera “pincha”, fue consultado por Galletti para venir a Tres Arroyos.
Los integrantes de la Subcomisión de Fútbol de Quilmes recuerdan que prepararon el pedido de pase a préstamo, y que tenían todo listo en espera del consentimiento de Palermo.
A poco menos de veinte años de aquel tiempo, y conociendo de oídas la historia, “El Periodista” se contactó con Galletti, para corroborarla. Y no solo la confirmó, sino que añadió sus recuerdos a la crónica. Dijo que, efectivamente, Palermo estudió la propuesta por unos días, pero que finalmente declinó de venir a Tres Arroyos, decidiendo quedarse en La Plata.
Haciendo un poco de historia, en el ’91 Estudiantes formaba con Yorno, Erbín, Iribarren, Trota y Ramírez; Peinado, Soto, Aredes y Ortega; Ponte y Vega. El técnico era Eduardo Flores.
Finalmente, Martín Palermo debutó en la primera del Pincha un año después, el 5 de julio de 1992, frente a San Lorenzo, en un partido que terminó empatado 0 a 0.
Un año antes, sin saberlo, había tomado una determinación trascendente en su carrera. Porque de haber venido a Tres Arroyos, ¿habría llegado a ser lo que es hoy, el goleador histórico de Boca Juniors, el club mas importante de la Argentina e ídolo de multitudes? Quizás sí, quizás no. Cosas del destino.

LA FIRMA


Ese seria el último, no había vuelta atrás, la próxima vez que se jugara el clásico, él estaría del otro lado, ya no vistiendo la verde y blanca a bastones que lució durante cuatro años, sino del otro lado, con la azul, con la de sus “enemigos”, la que siempre quiso ver derrotada, a la que le grito tantos goles.
Los cuatro años habían sido por demás positivos para su estadística personal, ocho clásicos jugados, ocho ganados, veinticinco goles a favor (él aportó 15) y solo nueve en contra.
La historia cambiaria, allá por marzo del próximo año estará del otro lado, con todos los que hoy serán sus compañeros del lado contrario, y el único que lo sabia era él.
El clásico se jugaba dos veces al año, una en marzo y otra en septiembre, en la cancha del parque, a las 10 de la mañana, con un mundo de gente alrededor, casi siempre amigos y familiares y algún que otro imparcial. Entre los dos equipos había buena onda, pero no se regalaban nada, se jugaba como todo clásico, a dientes apretados y salían partidos horribles.
Durante las últimas semanas se preguntaba, se reprochaba, como había decidido firmar, por qué puso fecha y hora, como se dejó convencer tan fácil. Talvez la insistencia de Marisa, su novia de hace tres años, o por su vieja que quería un cambio de aires para él. Primero estaba embalado, le gustó la propuesta y le dio para adelante, pero ahora la idea del arrepentimiento le daba vuelta en la cabeza, estaba desorientado, perdido, porque en las ciudades grandes se puede pasar de un equipo a otro, pero en el pueblo es distinto, te conocen todos, una vez que te pasas ya no hay vuelta, es para siempre, es “cosa juzgada”.
El día del partido le costó armar el bolso, tardó un montón en enrollar las vendas, lustrar los botines, alistar la ropa. Llegó casi sobre la hora, en el camino se imaginó con la “azul” y rápidamente sacudió la cabeza para volver en si. Pensó que esta sería la última vez que tiraría paredes con el Pelu, que ya no volvería a poner un pase en cortada sabiendo que Guille picaría al vacío, que nunca mas esperaría el centro llovido de Lucas en el borde del área, la próxima vez los tendría en frente y se le hizo un nudo en la garganta.
Fue todo el camino en silencio, casi llegando al parque, Marisa le preguntó -¿le dijiste a los muchachos?
-no, en el entretiempo les digo, o cuando termine, no se.
Se cambió y empezó a calentar, sus amigos lo notaron distante, frío. Él miraba a los que serían sus compañeros y no podía entender su propia desición. “Con estos rústicos no gano un partido mas” se dijo.
No le salió una, ni un pase, una pared, un pique, un remate al arco, nada. El clásico terminó 1 a 0 gracias a una genialidad del Gaby, pero no hubo nada más. Se cambió rápido y se fue, no dijo nada, ni siquiera se quedó a comer la picada con los muchachos.
Los días siguientes estuvo raro, pensante y desaparecido.
El primer viernes de diciembre a las 11 debía firmar. Estaban todos, la vieja, el padre, los hermanos, Marisa y sus viejos, fotógrafos, todos, hasta algunos de los muchachos del equipo se habían juntado en la esquina para ver si era cierto lo que les había contado Cachi.
No fue, no apareció. Lo buscaron por todos lados y nada, ni en el club, ni en el bar del Pua, ni en el laburo sabían nada de él. El Gaby y Damián se fueron en el “fito” a buscarlo a Claromecó, pero nada, se lo había tragado la tierra. Un hermano de Marisa fue a ver un conocido en la policía, el oficial Gorostegui, pero les dijo que tenían que pasar 48 hs, que cualquier cosa les avisaba.
El domingo a la mañana le mandó un mensaje a la vieja “estoy bien, no te preocupes, me vine a dedo al sur, cuando me acomode te llamo no digas nada bsos”
Se rajó, no soportó la presión de cambiar de bando, de equipo. Intimamente sabía que no volvería, que ya no vería a los chicos, compañeros y rivales, a Marisa, a los suyos. Sabía que aquel había sido su último partido, su último clásico.
Su último “solteros contra casados”.

HOGAR SAN JOSE



Que difícil es ir a un colegio católico cuando uno es un salvaje. Para semejante afirmación, quiero aclarar dos cosas, la primera es que cuando digo salvaje, me refiero a pibes que prefieren mil veces estar en el potrero y no en la escuela, y que las máximas travesuras podían llegar a ser tirarle toscas al techo de don Sinforoso a la hora de la siesta para que salga a putearnos en ese dialecto italo-argentino, que poco entendíamos, o arrancarle las ciruelas a Don Tito, o esconderle el Coco a Mario Carrera (el Coco era un Cordero que Marito tenía de mascota), éramos salvajes si pero no como ahora que no sabes en que fullerías te puede andar un pibe, y cuando menos te la esperas aparece en cana con no se que cantidad de cosas prohibidas. La otra cosa que quería aclarar es que este no es un colegio católico de esos tipo “Sagrado Corazón” o “Inmaculada concepción” donde te pones con 4 o 5 Rocas por mes y nadie te jode, a lo sumo te discriminan por atrás por ser cabeza y no pertenecer a la oligarquía terrateniente, pero mientras puedas pagar la cuota está todo bien, este es un colegio que funciona pegado a una iglesia donde el cura cartoneaba para juntar guita y fundó un barrio para gente carenciada, además había un internado para nenas huérfanas. Por supuesto que el cole no estaba en pleno centro ni en un barrio cajetilla, estaba justo en el límite de donde pasas a ser un “potencial delincuente” según la “gente bien” de la sociedad, porque acá “de Libertad para abajo son todos chorros” dice la “high society”.
La cuestión es que pasé mis primeros años de educación en ese colegio, el Hogar San José, y ahí formé mi primera “banda de bandidos” como decía la madre superiora cuando nos quería alcanzar después de alguna travesura. Fui desde jardín (una sola salita) hasta cuarto grado, donde le sugirieron a mi madre que esta vez si o si me debería cambiar porque pegarle una cachetada a la maestra no estaba contemplado en el estatuto del colegio y violaba las normas de convivencia, aunque bien merecida la tenía la guacha por agarrarme las orejas y dejarme sin recreo, y todo, como siempre en esos cinco años, por culpa de Ana Paula López.
Ana Paula era la hija de la presidenta de la cooperadora, y era de los que mejor estaban económicamente, así que todo lo que ella decía era palabra santa y por supuesto siempre nos mandaba al bombeo con el cura, las monjas o el primero que se la cruzaba, por eso el día de la “sugerencia de cambio”, estoy seguro que fue ella la que le contó a la maestra que con Cristian y el gordo le habíamos robado los calzones a las monjas y los habíamos izado en el mástil del jardín, tiene que haber sido ella, no queda otra.
Habíamos formado un grupo bárbaro, el gordo López, (primo de Ana Paula), Cristian, Nelsito Carrasco, el colorado López (que no era nada de los otros, pero se ve que en el barrio teníamos una invasión de gallegos con el mismo apellido), Pablo Roldán, el negro Mayo, Moisés (el japonés que vendía flores cerca del cementerio), Raulito Nuksen y yo. Siempre juntos, para todo, en las buenas y en las malas, si caía uno, caíamos todos, como el día que nos robamos las monedas de la iglesia y compramos en el quiosco de Corvellini esos caramelos que tienen como espumita y venían en tiritas, Fiss creo que se llamaban, o cuando nos fugamos en masa de catecismo y cambiamos las estatuas de la iglesia de lugar.
Ah, me olvidaba de un detalle, los años de los que hablo van desde el `80 hasta el `84, con los milicos en el gobierno, la guerra, Alfonsin y demás.
Si bien uno no tiene conciencia política, a los cinco años, yo creo que se nace con un ideal y luego se va forjando con el tiempo. Y yo nací Peronista, y para no ser menos, hincha de Boca y en la ciudad, fana de Quilmes, y como ya dije antes de Libertad para abajo, lo que daba en mí un perfil de “negrito subversivo” a pesar de mi piel blanca y mi corta edad. Esto lo cuento porque por aquellos años trajo muchos problemas en la familia, principalmente, cuando en el `81 salí de la fila gritando “es necesario que vuelva Perón para que pare la inflación”, o cuando mi hermano le explicó a la seño en el ´84 que no habíamos asistido a la visita del recién electo presidente Raúl Alfonsín porque “en mi casa somos todos de Luder”, lo que acarreó innumerables llamados a mi vieja para que no se nos inculquen esos tipos de ideales, como si los que nos metían ellos en la cabeza eran mucho mejores.
Así pasé esos años sin recreo en el `81 rezando por la salud del Papa, que no se que loco le pegó un tiro, haciendo simulacros de bombardeo en el ´82, escondiéndonos en la iglesia todos amontonados por si venían los ingleses, y tratando de entender que carajo era el “retorno a las urnas” en el `83.
Pero el tema principal, el que les quería contar fue mucho antes, en 1980, cuando recién empezaba el jardín, un día de acto, creo que del 9 de julio o el 17 de agosto, no se. La cosa es que, como siempre, Ana Paula era la abanderada, y yo, que en esas épocas le disputaba el puesto en todo lo que estuviese en juego, ya que lo nuestro era una cuestión de piel, de ideologías, había sido elegido para recitar una especie de poema alusivo. Mi vieja me lo tomó como 20 veces antes de salir para el jardín, al llegar se lo tuve que decir a una monja, al cura y las maestras. “Nada puede salir mal” decían, ya que venía el intendente o no se que milico en representación del gobierno municipal.
Cuando empezó el acto arranqué a pensar en mi viejo, que se mataba haciendo horas extras y no había podido ir a verme, así que mientras las autoridades daban sus discursos de rutina, yo pensaba en él, cuando íbamos a ver las cotorras a la avícola de Colombo, cuando me llevaba a ver a Choleta a la estación del tren, los domingos en la cancha y se me vino a la mente el último domingo, mi viejo llorando y puteando con la “Noblex Carina” en la mano, y el otro cuando dijo que no ganó el Prode justo porque Boca perdió con Ferro y me entré a acordar de todas las cosas que me había enseñado en mis cortos años de edad.
Cuando tocó el turno de mi actuación, inflé bien el pecho, mire a la cara al cura, monjas, milicos, padres y compañeros, y mientras Ana Paula levantaba la celeste y blanca al cielo, llene mi garganta de voz y pensando en mi viejo canté:
“de la mano del Rata nos vamo´ a la B, de la mano del Rata nos vamo´a la B”.


Nota I: Boca en 1980 era dirigido técnicamente por “El Rata” Rattín, realizando la peor campaña en la historia del club, a tal punto que se salvó de descender a la “B” en las últimas fechas del torneo.


Nota II: Los hechos y personajes son reales, cualquier parecido con la realidad no es coincidencia.